Helen Punto de Vista
No podía dejar de reírme, mientras Luis me llevaba a la habitación. Se detuvo junto a la cama y vi nuestro reflejo en el espejo del tocador. Me dio un azote en el culo que sonó muy fuerte por llevar vaqueros; no había nada como recibir un golpe a través de la tela vaquera para calentar el trasero.
—¡Ah! —Me encontré de espaldas antes de que pudiera luchar o gritar, aunque todo formaba parte de nuestro juego.
No me importaban las nalgadas o que me tumbara en la cama, sobre