La tormenta sacudía las ventanas con cada trueno y era en esos momentos cuando más odiaba vivir sola. Una cosa era que Luis estuviera en la calle y otra que, a esas horas, se encontrara dormido en su cama y despreocupado mientras yo tenía los nervios de punta.
Nunca me habían gustado los temporales. Las noches que se ponían demasiado tenebrosas, me colaba en la habitación de mi madre y me metía con ella en su cama. Ahora no tenía esa opción. Ocupaba su habitación y estaba sola.
El viento soplab