Sarah Brown
Habían pasado varios y largos días y por fin, mi padre regresaba a casa. El doctor nos dijo que podía volver a Nueva York, pero con revisiones médicas. No podía seguir como si estuviese recuperado. Todos estábamos emocionados, él se recuperó, no del todo, pero al menos salió del hospital. Vlad no se separó de mi lado y nos dejó a nuestra disposición, su jet privado.
Todos salimos del hospital y nos montamos rumbo al aeropuerto.
—¿Cariño? — le llamé y él me observó. —¿Todo bien?