Vladimir Sokolov
Tengo a mi en el sofá, mirándome sin ningún tipo de miedo. Está tranquilo, calmado, como esperando su hora. Es como siquiera morir, como querer ser torturado.
Admito que estoy sorprendido por su actitud, antes parecía asustado, pero ahora es valiente, me reta con la mirada.
—Me sorprende que no me estés suplicando. — hable con una sonrisa.
—¿Por qué tendría que suplicar? — preguntó. —Si me vas a matar de todas formas, me parece una gilipollez hacerlo. ¿Te excita ver suplicar