CLARA
El silencio en la habitación se torna asfixiante. Cada segundo que pasa sin una respuesta de Zayed es como una daga que me atraviesa el pecho, lenta y cruel. Lo observo mientras camina de un lado a otro, desnudo, su piel bronceada brillando bajo la luz tenue de la lámpara de noche. Sus músculos se tensan con cada movimiento, y aunque su cuerpo es una obra de arte que normalmente me haría perderme en su belleza, ahora no puedo. Mi mente está atrapada en un torbellino de pensamientos oscuro