DÍAS DESPUÉS
ZAYED
Verla despertar, escucharla hablar, me llena de una alegría que no puedo describir con palabras. Está bien, está conmigo. Esa es la única verdad que importa ahora. Salgo de la habitación, dejándola sola con sus padres por un momento. El peso en mi pecho se ha vuelto más liviano, ella ya está a salvo. Camino por el pasillo y me dirijo hacia la pequeña sala de espera. Me siento con el cuerpo tenso tal vez por el día a dia. Con manos inquietas, tomo una taza de café. El calor de