La puerta se abrió lentamente, y Sophía no tuvo tiempo de prepararse para lo que estaba a punto de suceder. Sabrina, con una sonrisa arrogante, la observó de arriba abajo, como si la hubiera catalogado de inmediato.
—Así que ella es la gran Sophía —dijo Sabrina, con la voz cargada de veneno. Se giró hacia Dante, sin darle importancia a la presencia de Sophía—. ¿En serio la prefieres a ella, Dante? ¿Dejaste todo por ella?
Dante la miró con un brillo asesino en los ojos, un destello que sabía dis