Gabriel sonríe con arrogancia, demostrando que no le teme. Es una locura. Se reparten golpes como si fuera un lugar de boxeo, la gente empieza a correr, sillas rotas, mesas tiradas, eta un caos total y en un parpadeo la cafetería queda en silencio
—Vaya, con que el gran Dante. ¿Siempre tratas así a los que hablan con tu chica, o solo a los que pueden quitártela? —provoca Gabriel, sin perder la compostura.
Dante no responde de inmediato. Su control es absoluto, pero veo un destello de peligro e