Ninguna mujer me había hecho perder los estribos de esta forma como lo ha hecho Sophía Ferrer. ¡Maldita sea!
¿Cómo pudo hacerme esto? Y ese bastardo de Gabriel,… ¡Debi matarlo infeliz!
Después de haberla traído casi a rastras y dejarla en la escalera llego a mi despacho.
Si no hubiera salido de ahí no se lo que podría haber hecho. La Maldita imagen de ellos dos besándose me carcome por dentro, ¡Se atrevió a tocar lo que es mío! Y no solo eso si no que me desafió.
¿Quién se cree para hacerlo?