Al día siguiente, Jordan se encontró sumergido en un mar de pensamientos. Había sido un día sin rastro de Reinhardt, pues no se cruzaron ni una sola vez y eso llenó a Jordan de una sensación extraña. Se sintió incómodo, además de arrepentido. Había tenido la osadía de hablarle al Jefe de una manera que sabía que no era apropiada, dejándose llevar por su impulso. De repente, el temor lo invadió, pues lo asustaba que Reinhardt tomara represalias por su actitud tan imprudente. Sin embargo, el día