C58: No la mates.
El sótano se convirtió en un escenario lleno de terror. Reinhardt, con su rostro imperturbable, le recordó al guardia la regla inquebrantable.
—Las mujeres están prohibidas, y lo sabes —articuló.
El guardia, visiblemente arrepentido, se apresuró a disculparse.
—Perdóname, Reinhardt. No volverá a pasar, te lo juro —manifestó, agachando la cabeza.
—Es un hecho que no volverá a pasar —declaró el Jefe.
En un acto despiadado, Reinhardt arrojó a la mujer al suelo y, sin dudar, sacó su arma y disparó