C199: No puedes tener a uno y despreciar al otro.
Ella bajó la mirada por un instante. Luego, con delicadeza, tomó la tela del camisón justo por el dobladillo. El vestido era corto, más de lo que él jamás imaginó verla usar. La tela subía apenas al moverse, dejando ver el comienzo de sus muslos tersos, como modelados en alabastro cálido. Y sin decir palabra aún, comenzó a balancearse muy levemente de un costado al otro, moviendo la cadera con gracia inconsciente, como quien se prueba ante un espejo por primera vez, buscando en los ojos ajenos