Los pensamientos de Isabella se arremolinaron con rapidez y la ansiedad comenzó a instalarse en su mente. Su jefa estaba allí, al igual que muchas otras personas que conocía. Sin dudarlo más, tomó una decisión.
—Iré a ver qué pasa —declaró con firmeza.
En lugar de ir a pie, como solía hacer cuando iba al mercado, corrió hacia el establo y desató uno de los caballos. Sabía que si iba caminando, perdería demasiado tiempo y no podía permitirse eso. Montó apresuradamente y con un chasquido de su le