Llegamos a casa y el primero que nos recibe es Carlos, que al vernos en paños menores queda algo sorprendido.
—¿Ahora son exhibicionistas? —dice con humor, pero esto no es nada gracioso.
—Trataron de quemarnos —suelta Luciano. La cara de Carlos es de pura sorpresa.
—¡Joder! ¿Están bien?
—Sí, afortunadamente nos quitamos la ropa antes de que tiraran el encendedor.
—Dios, amigo, es tremendo lo que me cuentas. ¿La mafia colombiana quiere ir por nosotros?
—Amor —Luciano llama mi atención—. ¿Puedes i