81 - El desamor.
Lombardi sujetaba a Anaís del brazo, arrastrándola fuera del recinto mientras ella forcejeaba con desesperación. Las lágrimas brotaban de sus ojos y su corazón latía con una mezcla de angustia y furia.
— ¡Suéltame, Lombardi! ¡No podemos dejarlo allí! — gritó Anaís, luchando contra el agarre firme del hombre —. Escuchaste ese disparo.
— Tengo órdenes estrictas de sacarla de aquí, sAnaís. Tus lágrimas no me afectan — replicó él, sin soltarla.
— ¡Pues estás despedido! ¡Ahora mismo! — exclamó Anaís