80 - Hermanito...
El salón estaba cargado de tensión, un peso sofocante que parecía aplastar a cada persona presente. Anaís, de pie en el centro, se veía frágil pero decidida. Sus ojos ardían con una mezcla de dolor, furia y valentía. Ezra la miraba fijamente, su mandíbula apretada y sus puños cerrados, mientras Ernesto mantenía una postura serena, aunque sus ojos estaban fijos en Ezra, analizando cada movimiento como un depredador al acecho.
— ¡Basta! — gritó Anaís, su voz rompiendo el silencio como un trueno.