74 - Juegos de caza.
El jet privado aterrizó con una suavidad que solo se logra con experiencia. Ezra bajó los escalones con la calma de un depredador. Inhaló profundamente el aire de la ciudad y una sonrisa torcida se formó en su rostro. Estar allí era como volver a casa, a su campo de batalla, a su terreno. La cacería había comenzado, y su presa, Anaís, ni siquiera lo sabía… o eso creía él.
Con una mirada, Ezra indicó a sus hombres que lo siguieran, mientras su asistente personal, una mujer alta de cabello negro