75 - Vamos tras ella.
La noche caía sobre la imponente mansión de Federico Lombardi, donde cada sombra parecía susurrar secretos. Desde el otro lado de la calle, Lucrecia observaba, oculta tras un árbol. Su contacto le había asegurado que el misterioso Ezra estaría allí. Había llegado el momento de confirmar si su intuición era correcta: Ezra y Lombardi compartían algo más que un odio visceral por Anaís.
Cuando las luces de un auto negro se proyectaron en la entrada, Lucrecia adoptó su postura. El vehículo se detuvo