Jorge llegó a la comisaría temprano, decidido a sacar a Lucrecia de aquel lugar. Había pagado la multa exorbitante que le habían impuesto, aunque sabía que eso no resolvería todos los problemas. Lo más importante era que Lucrecia estuviera fuera de esa celda, donde no le correspondía estar, al menos hasta el juicio.
El oficial de turno, visiblemente desganado y con una taza de café en la mano, revisó los documentos que Jorge le extendió. Tras verificar el pago, asintió y ordenó a un guardia tra