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Al siguiente día todo era diferente, los labios del doctor Steward se quedaron conmigo como un sticker. Ya nada era igual o eso creía, tal vez porque aún conservaba el sabor de sus labios en mí. Toda la noche me quedé con Ross en el hotel, para cuidar un poco de ella y de sus hijos.
A la mañana siguiente, me levante temprano para prepararme para ir a trabajar, claro que, sin despertar a la pobre de Ross, quien aún seguía dormida. Me daba gusto ver que descansara, ya que por lo que se, Ross