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–¡Tienes que ir!–Me grita Ross desde la cama, mientras intenta convencerme de ir.
–¿Por qué iría? ¿Acaso parezco una de esas chicas?–La verdad es que no quería caer una vez más en las trampas del doctor Mark o de cualquier persona, ya mi orgullo estaba devastado, no podía recibir otra bomba atómica como las que pase con ese hombre sin corazón.
–Ve.–Me ruega, mientras ella deja de comer un poco de gelatina.–Te divertirás, te verás hermosas.–Me dice sonriendo, mientras me imagina vestida con