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Varios años después.
Me despierto por el sonido del timbre, así que me levanto sin zapatos y corro hacia la puerta que está sonando más de una vez. Al abrir la puerta, me encuentro al cartero, quién trae mis cartas de todos los lunes.
–Hola, Jane.–Me saluda el viejo cartero, mientras trata de mantener su bicicleta en el camino.–Te llegaron tres cartas.–Me avisa con una sonrisa dibujada en sus labios viejos.
–Gracias Tay.–Le contesté cerrando la puerta y abriendo mis cartas. Todas son sobre