Capítulo 38—Me gustas
Narrador
Llegando finalmente a esa área apartada del jardín a donde nadie se acercaba, Bárbara tomó asiento en la banca de concreto, y señalándole a Herodes que tomara lugar a su lado. Este permaneció en silencio por un instante. Aunque sabía que ese banco se encontraba allí, jamás esperó que fuera a ese al que su esposa se refería.
Ladeando la cabeza a un lado con una pequeña sonrisa, Herodes pronto tomó asiento a su lado y, contemplando la vista que tenían desde allí, estuvo de acuerdo: ese lugar era maravilloso.
—Entonces, ¿aquí vienes cada vez que quieres pensar?
Desviando su mirada a Bárbara, Herodes preguntó con una tenue sonrisa, y asintiendo, ella regresó la mirada al frente desde donde podía ver la mansión entera: quién entraba, quién salía, el caos desde la distancia siendo solo un espectador.
—Así es... Me gusta tomar aire, y este lugar para mí es perfecto. ¿Te sirvió de algo venir aquí?
Asintiendo ligeramente, la inquietud de Herodes se disipó consid