Grasya levantó la cabeza de donde la tenía apoyada sobre sus rodillas. La puerta del dormitorio se había abierto con un crujido. Por un segundo pensó que era Helios, hasta que vio a su gemela apoyada contra el marco, observándola.
Se enderezó bruscamente, con cada músculo en tensión.
—Perseia.
—¿Esto es realmente lo que quieres? —preguntó Perseia, con una ceja arqueada—. ¿Quedarte encerrada en esta habitación, esperando a que Helios regrese… y dejar que haga exactamente lo que quiera contigo