—Si no quieres que te castigue, te quedarás aquí, serás una buena chica y me esperarás.
Una sonrisa leve y perezosa rozó los labios de Helios, pero bajo ella su voz vibraba con una amenaza oscura e inquebrantable. Giró sobre sus talones y entró al baño contiguo. Cuando salió minutos después, seguía completamente desnudo, cada centímetro de su poderoso cuerpo brillando húmedo por la ducha.
Los ojos de Grasya recorrieron su figura automáticamente. Ese era el cuerpo que se había movido sobre e