Respiró su nombre en silencio.
Era nueve años mayor que ella.
Y ella olía a pura inocencia.
Esa pureza absoluta e intacta era suficiente para volverlo completamente, peligrosamente loco.
La había tomado una y otra vez, de todas las formas que conocía, y aun así su hambre por ella no había disminuido ni un ápice. Al contrario, solo se había vuelto más aguda, más hambrienta, más insaciable. Su mente seguía reproduciendo la imagen de ella atada a la cama con su propio cinturón de cuero, las mu