No quedaba ni una sola persona en el mundo que no supiera exactamente quién estaba a punto de convertirse en la señora Severen Morenzo. Ni una.
Lo que significaba que Grasya también había visto el grandioso anuncio que inundaba todos los canales de televisión.
La cámara se acercó a dos rostros que ella conocía mejor que su propio reflejo: Severen y Riva. Ambos sonreían radiantes. El brazo de él rodeaba con posesión la cintura de su prometida, como si temiera que alguien pudiera robársela allí m