El señor y la señora Morenzo cruzaron una mirada cargada al otro lado de la mesa y carraspearon al unísono. Renata fue la primera en recuperar la compostura.
—Hijo… por favor, no hablemos de Grasya en la mesa del desayuno. Apenas es alguien lo suficientemente importante como para desperdiciar aliento en ella, y además…
—¿La gente que enviaste logró finalmente localizarla a ella y a su padre? —insistió Severen, como si no hubiera escuchado nada. No notó las nubes de tormenta en el rostro de Riva