Que no quede ninguna duda: Helios de Crassus era aterrador.
No se trataba solo del poder abrumador que emanaba de él. Cada palabra que salía de su boca pesaba, cargada de una obsesión oscura y devoradora que se clavaba directamente en los huesos de Grasya.
Debió notar el destello de miedo crudo en sus ojos, porque una risa grave y profunda vibró en su pecho. Se levantó, sacó el teléfono y realizó una llamada rápida.
—Trae el contrato aquí. Y el otro artículo que te pedí preparar.
Colgó antes