Sollozos fuertes, desgarradores, que sacudían todo su cuerpo brotaron de su garganta. Lloró y lloró, dejando salir todo de golpe: dolor, agotamiento, vergüenza, miedo, confusión… todo.
Helios soltó un largo suspiro.
No se inmutó. Su rostro no se suavizó ni se endureció más. Solo se quedó allí, dejando que llorara hasta vaciarse.
Cuando lo peor pasó, se acercó y la levantó de nuevo en brazos. Esta vez ella no opuso resistencia.
La llevó directamente al baño en suite y la bajó con cuidado en l