Su mente quedó completamente en blanco. No había absolutamente nada que pudiera responder a eso.
Helios sonrió, oscuro y satisfecho, y volvió a tomar su teléfono. En cuestión de momentos, el mismo hombre regresó con un blister nuevo, se lo entregó y desapareció.
Helios giró la pastilla entre sus dedos, con esa sonrisa enloquecedora y sabia en los labios.
—¿Quieres esta ahora?
Ella extendió la palma de inmediato, firme y decidida.
—Sí. Por favor.
—Bien. Entonces saca la lengua.
Ella parpad