Una esquina de la boca de Severen se curvó en una sonrisa leve y segura de sí misma.
Habría apostado todo a que Grasya estaba en algún lugar en ese preciso momento, repitiendo en su mente cada instante que habían compartido, dando vueltas una y otra vez a cada recuerdo hasta desgastarlo. Conocía a esa chica mejor que a sí mismo. Habían crecido juntos, respirado el mismo aire durante años. Sabía exactamente cómo funcionaban sus pensamientos, el ritmo de su corazón. Había memorizado la profundida