Las palabras fueron poco más que un rumor en su pecho, oscuras, ásperas y prometedoras, y le provocaron un escalofrío, pero no calmaron en absoluto los latidos salvajes y aterrorizados de su corazón.
—A-antes de que hagas esto… completamente… ¿puedo ver a mi padre primero?
—¿Para qué necesitas verlo?
—Solo necesito comprobar por mí misma que está a salvo. Que realmente está bien.
—Está a salvo. —Había una certeza absoluta e inquebrantable en su voz—. Tienes mi palabra.
—Pero…
—Verás a tu p