—Otra vez. Más fuerte.
Grasya miró a Helios, aturdida. Antes de que su cerebro pudiera formar una frase, él dejó caer todo su peso sobre ella, encajando las caderas profundamente entre sus muslos abiertos. Sintió cada centímetro grueso y rígido de él presionando caliente y pesado contra sus pliegues húmedos, balanceándose y frotándose contra ella, provocándola, reclamándola, esperando… pero sin entrar todavía.
—Hel…
Un grito entrecortado escapó de su garganta cuando él deslizó una mano bajo s