Una vez nunca fue suficiente para Helios.
Después de reclamar su cuerpo por primera vez, la tomó de nuevo. Y otra vez. Y otra. Grasya perdió por completo la cuenta de cuántas veces la poseyó, de cuántas veces se hundió profundamente en ella. Era como si ese hombre no conociera el significado de la palabra cansancio.
Jadeó en busca de aire cuando él la volteó con facilidad sobre su espalda, desde donde yacía de lado, le separó las rodillas y se hundió de nuevo en su calor con un solo movimiento