Regina se sorprendió disfrutando el momento, gimió cuando él apretó uno de sus glúteos y la presionó más contra él, nunca dejaron de besarse y sus ojos siempre estuvieron cerrados, lo entendió, pues los pasos del joven, aunque fueron de prisa, fueron ligeramente torpes.
—Giovanni— lo llamó en un jadeo cuando él se subió a su cuerpo estando ya sobre la cama. Su cuerpo ardía.
—Solo déjame hacértelo — suplicó con voz ronca y la alzó para colocarla en medio de la cama.
Ella gimió cuando él mordió s