Aquel fin de semana en la playa había sido todo lo que se esperaba. Finalmente, Regina se había entregado a él, y poco a poco el aroma de su sangre lobuna se comenzaba a liberar. No la había marcado, hacerlo cuando aun estaba sellada en ese frágil cuerpo humano, podría haberla matado. Tambien, aun cuando Regina había comenzado a tomar anticonceptivos, sabia que la semilla de un lobo no sería exterminada por métodos anticonceptivos humanos. Comenzaba a perder la paciencia, cada vez, las cosas en