Regina bajó la mirada, su mirada expresiva y generalmente alegre, ahora se frustró distante, casi sombría.
“Él dijo que me amaba” recordó preocupada la joven, una sensación caliente y dolorosa le apretó el pecho; sus ojos temblaron y una sensación extraña le erizó la piel al mismo tiempo.
—¡Señorita! – la voz de una mujer entrada en años la hizo alzar su vista.
—¿Eh? – mencionó al verla mientras la misma le entregaba un embace de leche.
La mujer sonrió —También me cobra esto, por favor— le dijo