Casi una hora después, Regina suspiró cansadamente mientras entraba a su casa, sus ojos rodaron por la sala, la cocina y el comedor al seguir de pie frente a la puerta cerrada.
-… Otra vez no está— mencionó para ella misma.
Las lámparas de los burós estaban encendidas, iluminando cálidamente la sala, la luz de la cocina alcanzaba a iluminar también el comedor, dando una sensación acogedora al encontrarse todo en perfecto orden, pero faltaba él.
—Últimamente llega bastante tarde— mencionó Regina