54 Por siempre y para siempre.
El lobo gris siguió el aroma de su compañero, en ese momento no pensaba en su hija, en el reino que debía cuidar o en su familia, solo pensaba en Luis, y en cada palabra que había dicho, él solo queria cuidarlo, temía perderlo, o así sea verlo sufrir, el rostro perlado en sudor de Luis cuando comenzó con la labor de parto vino a su mente, pero entonces, reparo en algo que por miedo, había pasado por alto, Luis sonreía, a pesar del dolor, su compañero sonreía y todo era porque traería al mundo a