Arianna
Aquiles acarició con su mirada mis piernas expuestas bajo el vestido corto y suelto de verano que había combinado con una cazadora de mezclilla. Las recorrió sin ningún pudor, en cuanto entré al elevador y las puertas se cerraron.
Luego apartó la mirada bruscamente, apretando la mandíbula. Por lo que me pregunté, si acaso estaba molesto por verme. Éramos vecinos, aunque quizás, no estaba preparado para confraternizar todos los días o encontrarme tan a menudo.
Así que, casi sin