Arianna
En cuanto bajé del coche, pude ver a mi abuela asomarse por la ventana de la habitación de la residencia con una enorme sonrisa y media hora después, se encontraba sirviéndome el té para que comiésemos la caja de petits fours que le compré de camino, mientras nos poníamos al día.
—Cuando haya conseguido pagar mis deudas, podré llevarte conmigo, ¿no te emociona eso? —Ella me tomó la mano con ternura.
—¿Qué haría yo viviendo contigo? —Abrí la caja con los pastelitos que tanto le gu