Aquiles
Estaba nervioso de los cojones cuando llegué a la puerta de casa y sentí que mis dedos temblaban al colocar el código para desbloquear la entrada.
—Si no te das prisa, te juro que vas a tener que limpiar el pasillo—sonreí negando con la cabeza y juguetee con el anillo en el bolsillo del pantalón con mi mano libre. La sentía sudada y pegajosa.
—Te pregunté si querías ir al tocador cuando pasé a recogerte por el centro comercial y me dijiste que estabas bien —. Le miré sobre el ho