Arianna
—¿Eso era todo? —Preguntó Aquiles, tomando la última caja con mis cosas de la encimera de la isla que separaba la cocina del comedor diario.
—Sí, eso era todo… —Suspiré con pesar —. No puedo creer que toda mi vida se vea reducida a seis cajas de nada. Quiero decir, ya cumplí los treinta y estoy tan perdida como a los dieciocho. Además, para variar ni siquiera tengo un hogar.
—Puedes usar el piso todo el tiempo que quieras. Por otro lado, estás siendo demasiado generosa. Aunque