—Ser una buena o mala mamá es únicamente tu decisión —la separó ligeramente. Sus ojos se encontraron en ese momento. Los de la mujer, humedecidos, rojos, hinchados. Los ojos del hombre con una sabiduría que traspasaba los años.
—Quiero serlo —musito débilmente. Su voz, un susurro que apenas pudo ser escuchado.
—Entonces ya está —dijo él con seguridad, como si no necesitara escuchar más para saber que sería un hecho—. Serás la mejor mamá del mundo porque así lo has decidido.
—No es tan fácil —baj