—¡Papi! —exclamó Celeste, corriendo hasta la cama—. ¿Qué haces aquí?
Evangelina siendo observadora, notó la ropa en el suelo.
—¿Estaban jugando?
La pregunta era tan inocente que hizo que Valeria se incorporara de golpe.
«¡Cielos!», pensó con las mejillas calientes.
—Niñas, por favor, salgan un momento. Su papá acaba de despertarse y necesita… lavarse las manos —improvisó nerviosa.
Las tres salieron dando saltitos, entre risitas y cuchicheos.
Valeria se volvió hacia Enzo, quien aú