Valeria respiró hondo frente al espejo del baño. Se acomodó la blusa marfil dentro de la falda tubo gris perla, alisó los pliegues con las palmas sudorosas y se miró directo a los ojos.
Sus ojos marrones y ligeramente asustados la recibieron como su reflejo. El impacto de la realidad fue brutal. El gran día había llegado. Sentía nervios, angustia y, al mismo tiempo, satisfacción. En ese día se decidiría mucho más que un cargo.
Sin embargo, una parte de su mente seguía pensando en Verónica. S