Cuando Valeria vio a sus hijas por primera vez, se encontró con tres pares de ojos grandes y grises, idénticos a los de Enzo. Sus cabellos eran oscuros y rebeldes, con unas mejillas sonrosadas y redondas.
Eran simplemente hermosas y no pudo evitar llorar con demasiado sentimiento.
¡Sus hijas!
¡Por poco las deja solas!
Las tomó en sus brazos con cuidado, repartiendo besos entre una y otra. Llenándola con sus lágrimas y prometiéndole en silencio que nunca nada ni nadie las separaría de e