—No me interesa —dijo sin darle tiempo ni siquiera de acercarse.
—Erick, estás tenso… —insistió, aparentando que no le había disgustado el rechazo tan tajante que acababa de hacerle.
—He dicho que no, Sasha —puntualizó con dureza.
—Vaya —hizo una mueca—, de verdad que estás siendo un completo amargado. Pero está bien, no te preocupes; no eres el único hombre existente en el planeta.
Dicho esto, abrió la puerta de la minivan y salió. Una brisa helada se coló por la puerta, mientras la mujer se a