Bianca, furiosa y avergonzada por las palabras de Laura, se abalanzó directo sobre ella intentando arañarle la cara mientras gritaba:
—¡Cállate! ¡Estás diciendo puras mentiras!
Era evidente que Laura lo sabía desde hace muchísimo tiempo, pero había guardado silencio, esperando el momento preciso para atacar. ¿Cómo podía ser tan calculadora esta mujer?
Laura se apartó y la empujó hacia atrás.
—Si tanto dices que miento, ¿por qué no revisamos las cámaras de seguridad? Ahí quedará todo claro.
Si ho